La gente de izquierda debería luchar con más fuerza contra la televisión realmente existente. Contra todos sus programas y tertulianos, empezando por aquellos que se las dan de progresistas. Sólo una transformación cultural masiva y de raíz puede cambiar la correlación de fuerzas entre las clases sociales.
En estos días, los medios de comunicación de la oligarquía no hacen más que hablar de cosas como “la dictadura de los piquetes” y “el derecho a trabajar”. Como los tertulianos enchaquetados no recuerdan ya lo que es trabajar y estar hasta el cuello (si es que alguna vez lo supieron), no emplean el argumento estrella de todo esquirol que se precie: no pueden permitirse perder el sueldo de un día de trabajo. Lástima, porque ese argumento es fácil de rebatir recordando todo el dinero que, si no triunfamos en nuestra lucha, van a acabar perdiendo en salario directo e indirecto, por culpa de la reforma laboral, los recortes en sanidad y educación, el pensionazo, etc.
Estos tertulianos, que se enchaquetan para reforzar su jerarquía y su alejamiento del populacho, son en realidad diferentes y emplean argumentos que, aunque igual de ridículos, requieren una refutación más elaborada. Quieren resolverlo todo a través de la filosofía, el liberalismo, el “derecho a hacer” con mi fuerza de trabajo lo que yo quiera, aunque sea venderla a un explotador miserable vendiendo también, aunque en otro sentido, a mis iguales. (No tan) curiosamente, dicen que la violencia no arregla nada, pero apoyan, sin embargo, al piquete terrorista de la policía que custodia la entrada de los esquiroles, a base de palos como matones cobardes contra jóvenes sin futuro que sólo luchan por su pan.


















